El comentario recibido en la publicación anterior motiva este breve reflexión acerca de la dialéctica arquitectónica propia del movimiento moderno, y a mi parecer y entender, mal comprendida por parte de arquitectos y del público en general.

Adolf Loos, arquitecto alemán, publicó un libro llamado Ornamento y delito, en el que se proclama una liberación de la arquitectura de toda ornamentación o superficialidad, por decirlo de una manera, una limpieza de los elementos constructivos, eliminando todo accesorio formal innecesario o superficial.

Un poco después, en Estados Unidos, por cierto, ajeno casi completamente al movimiento moderno, (hasta que se enteraron de todo lo que pasaba en Europa e hicieron la exposición en el MoMA de NY), un arquitecto de ascendencia neoclásica, Louis Sullivan, sugería una frase que se volvió famosa: Form follows function.

En 1928, mas o menos, un cierto número de artículo publicados en la revista L'esprit Nouveau, eran agrupados para dar forma a un libro que se convirtió en el más importante del siglo: Vers une Architecture, escrito por Le Corbusier, en el que proclamaba entender y concebir la casa como una máquina para vivir.

Bueno, con estos antecedentes podríamos pensar que la arquitectura del movimiento moderno, dió origen a una arquitectura funcionalista, no?

Pues no.

La arquitectura del movimiento moderno no proclamaba la exlatación de la función como fin último de la arquitectura o como máxima aspiración. Curiosamente, una vez que se analizan la mayoría de los proyectos de aquella época, la mayoría admiten cierta flexibilidad en su función, por lo que se vendió la imagen funcional, o una imagen constructiva, o una imagen purista.

El mismo Mies van der Rohe, tiene un artículo titulado ¡Construir de manera Bella y Práctica! ¡Basta ya de funcionalismo frío!... "En arquitectura, la belleza... sólo puede alcanzarse cuando al construir se tiene en mente algo más que la mera finalidad". Mies también admite que la pregunta ¿constructivismo o funcionalismo? en aquella época, hace casi 100 años, ya resultaba obsoleta.

La arquitectura debe abarcar todos los criterios, tanto el criterio de la funcionalidad del objeto arquitectónico, pues es el que motiva su creación; como criterios de belleza, de espiritualidad, pues son lo que convierten ese objeto meramente constructivo en arquitectura, en Baukunst (Arte de Construir).

Ojalá las escuelas de arquitectura puedan superar esta dialéctica (Forma vs función) tremendamente obsoleta, y poder avanzar hacia cuestiones mucho más elevadas, y así elevar también las expectativas tanto de los arquitectos como de la arquitectura en general.